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De Sant Feliu de Guíxols a San Juan de Puerto Rico Parte #2 De Barcelona a San Juan de Puerto Rico |
De alguna forma don Juan Busó Bas tenía que estar emocionado cuando subió por la rampa para llegar hasta la cubierta del barco que lo traería a Puerto Rico. Si alguien lo recuerda calmado era que estaba simulando. Los viajes a las Américas estaban llenos de peligros. Entre otras cosas las tormentas, las enfermedades, las epidemias y para no dejar pasar, los piratas podian acabar con la vida de uno o todos los pasajeros y tripulantes. En aquel entonces las personas dejaban su testamento hecho y no le pagaban al capitán su pasaje hasta que llegaran salvo a su destino. Amén de las promesas que hacia cada pasajero a su santo preferido. Así que no creo que don Juan fuera la excepción. Quién sabe si llevaba una medalla o crucifijo que apretara en sus manos al poner el primer pie en cubierta.
Puerto de Barcelona, principios del siglo XIX*

¿En que tipo de barco viajó don Juan a Puerto Rico? Este pudo haber sido un bergantín, una fragata, una polacra o cualquier otra nave de las usadas para el comercio entre España y las Américas. De las últimas habian muchas y poseo copia de un pasaporte de Catalina Basté (Baster), esposa de Francisco Busó y Bas, hermano de don Juan, donde se indica que ella viaja a Puerto Rico con su hijo Francisco, en la Polacra Dulcinea. A continuación una foto de un modelo de una polacra.
Polacra Venus (modelo)

Quien haya abordado un bote o yate de vela se ha dado cuenta de lo difícil que es mantener la compostura. Si la persona no tiene sus dotes de marino lo poco que le puede pasar es un mareo el cual invariablemente siempre termina en vomitos. ¡Y que tal si yo le dijera que tiene que estar en alta mar por unas siete u ocho semanas!
En el capitulo XXV del libro "Mis Memorias" de Alejandro Tapia y Rivera leemos lo siguiente:
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En noviembre de 1834 nos embarcamos para Cádiz mi madre, mi hermana y yo. La navegación fue borrascosa, el buque, aunque velero, tuvo fuertes vientos contrarios, y cada dos horas por lo menos, había que picar las bombas cuando aquel iba a toda su marcha. Más de una vez tuvimos que pasar días y noches encerrados en la cámara, y semana hubo en que no vimos el sol. En cierta ocasión, a media noche, fuese por el mal tiempo o bien por la falta de pericia en el timonel, rompiósenos bruscamente el aparato del timón y anduvimos al garete y sin gobierno cerca de media hora, con una mar que nos tragaba. |
-Una vez que don Juan se instala en su pequeño camarote decide regresar a cubierta para ver los preparativos de la partida del barco. El evento, para él, era importante y no iba a dejar pasar la ocasión. ¡Quien sabe si algún día tendria que contarle a un hijo de como fue este viaje!
-Soplaba un aire variable y salitroso. Pequeñas olas chocaban con el barco en una pequeña cadencia dejando oir un "plash, plash" que a ratos era fuerte y a ratos era suave, dependiendo como cambiaba la fuerza del viento. Los marineros subían y bajaban del barco, unos trayendo mercancias y otros a buscar la carga que le encomendaban. Los gritos y mandatos resonaban por los cuatro costados del barco. Todo tenia que estar preparado y no se podían dar el lujo de olvidarse de nada. Una vez en alta mar, continuar era mas fácil que regresar.
-La temperatura era agradable y el sol apenas calentaba la piel. Lo que no imaginaba Juan era que, una vez llegara a su destino, iba a encontrar un sol que quemaba más que un tizón ardiente. En algún momento dado el trajín de los marineros llegó a su fin y un silencio se apodera de la nave. Retiran la rampa y un viejo que parece un capitán sin barco remueve las sogas que como cordón umbilical unían el barco al muelle. La suerte está echada. Para Juan el único regreso tiene que ser el de un hombre triunfante.
-El barco va bajando hacia el suroeste. Algunos pueblos se ven en la distancia. Le comenta el capitán a Juan: "A tu derecha, Castelldefels y a tu izquierda Sitges, pronto veras a Vilanova", (claro, en catalán). El barco levantaba la proa y la dejaba caer, algunas veces se erguía apuntando con sus palos a lo más alto del cielo y otras veces ladeaba, como queriendo acostarse en el mar. Con estos movimientos se habian enfermado no menos de una docena de personas pero para Juan la fiesta no habia comenzado. Estaba acostumbrado a los barcos. Desde pequeño el mar le gustaba y fueron incontables las veces que habia salido a pescar con amigos y familiares. Aprendió a nadar de la peor manera, retozando con amiguitos en los ratos de ocio. En una ocasión estuvo a punto de ahogarse a no ser que un amigo, mayor que él, pudo agararlo y sacarlo a la orilla.
Los que hasta aquí hayan leido diran que mi imaginación es increible y otros, espero que los menos, me tacharan de enbustero. Solamento quiero decirles a todos, que a falta de un relato concreto y real como el que hace Alejandro Tapia y Rivera en su libro, estoy tratando de hacer un "educated guess" de como pudo haber sido este viaje. El mar a ejercido mucha influencia en mi vida. Desde pequeño he caminado por incontables playas. Aprendí a nadar por mi cuenta y he estado a punto de ahogarme en varias ocaciones. Otros dos hermanos les gustaba mucho el mar y a uno de ellos su negocio y trabajo tiene que ver directamente con el mar.
En un pueblo costero, como "Sant Feliu de Guíxols", no es de estrañar que los muchachos se junten y vayan a la playa, ya sea a nadar, a pescar o a retozar. No creo que Juan fuera la excepción. Esta costa del Mediterráneo ha ejercido una influencia grande a todos que han vivido en ella. Así que, de algún modo u otro, Juan estaba identificado con el mar. Esto no evitaria que cuando subia al barco se sintiera tenso y nervioso. Como dije al principio, el viaje era largo y lleno de peligros.
Don Juan Busó Bas, probablemente tuvo la oportunidad de ver las islas Baleares lejos en el horizonte. Pero el espectaculo mayor tiene que haber sido en el estrecho de Gibraltar. Mi pregunta aquí es ¿como reacionaria cuando vió el Peñón de Gibraltar? Adicional, aqui las aguas del Atlántico se mezclan con las aguas del Mediterráneo, y las corrientes y contra-corrientes crean olas mas grandes. ¿Como se comporta un barco, en especial uno de velas, en estas corrientes? Mi imaginación vuelve a volar.
Peñon de Gibraltar

-Acababa de caer una lluvia algo fuerte cuando a lo lejos, a la derecha del barco se dibuja la silueta de una montaña con un farallón que cae casi verticalmente hacia el mar. El capitán, no queriendo mostrar emoción alguna, le dice a Juan: ¡aquí ves el Peñon de Gibraltar, pronto nos adentramos al Oceano Atlántico! Pero lo cierto es que Juan no podia menos que abrir la boca ante aquella silueta que se dibujaba en sus ojos. Lo más probable pensó: De aquí me alejo de España, ¿cuando la volveré a ver?
Ahora, la ignorancia toca a mis puertas. Después de salir al Atlántico, ¿que ruta toma el barco? Es obvio que su final es Puerto Rico, pero, ante ese oceano tan inmenso cual seria la ruta correcta, ¿la más corta? ¿la más comoda? ¿la más comercial? o ¿la menos peligrosa? He oido con frecuencia de viajes de barcos que pasaban cerca o paraban en las islas de Cabo Verde. Tambien mencionan la Isla de Madeira. ¿Sería este el mismo caso? Y si pasaban o paraban en las islas de Cabo Verde, ¿por qué no ir más hacia el sur y pasar cerca o parar en las islas Canarias? Mi opinión es que si no tenian ningun negocio que hacer en estas islas, simplemente pasaban cerca sin detenerse. En caso de una emergencia podian dirigirse a la isla más cercana y guarecerse en uno de sus puertos hasta resolver el problema.
-Don Juan Busó Bas tuvo la oportunidad de ver la Isla de Madeira a estribor, en la distancia, pero cuando lo llamaron, varios días más tarde, para que viera las Islas Canarias no quiso salir del camarote debido a que se sentia cansado y con un poco de dolor de cabeza. No pudo darse cuenta que hacia el lado derecho de las islas el cielo se veía oscuro. Lo que no imaginaba en aquellos momentos era que pronto se iban a topar con una tormenta tropical.

-Los rayos caían a diestra y siniestra y el barco subía y bajaba, entre las olas, sin control. Los pasajeros se refugiaron en sus respectivos camarotes y entre truenos y truenos se oian los rezos de uno u otro pasajero. La lluvia era fuerte y constante y en una u otra ocasión alguna ola entraba sobre cubierta. El capitán muy risueño se estaba gozando el espectáculo. Muy bien sabia que esta tormenta era pequeña y que no comparaba a otras que habia tenido que afrontar. En un momento dado se puso pálido. El pelo empezó a erizarselé y una sensación extraña corrió por todo su cuerpo. El cantazó no se hizo esperar. Aquel rayo tuvo que caer en el palo mayor. Los que tuvieron la valentia de salir corriendo hacia afuera encontraron trozos de madera humeando sobre cubierta. Uno que otro de los marineros, de los que estaban afuera, tenían el rostro pálido y apenas podian balbucear algunas palabras. Otros hablaban de un resplandor que se habia formado alrededor del palo mayor. ¡El fuego de San Elmo!
-La tormenta quedó atrás. De ahora en adelante el viaje seria mas placentero. Los días y las noches alternaban sin que nada peculiar ocurriera. Una noche estando Juan en cubierta, bajo un cielo que se queria caer, lleno de estrellas, de pronto una luz apareció sobre el horizonte. El bólido era enorme y corria desde popa a proa, como si quisiera ganarle al barco a llegar a Puerto Rico. La cubierta del barco se iluminó con una luz tenue que se fue apagando a medida que el meteoro desaparecía en el cielo. Juan se dio cuenta que los pelos de los brazos se le habian erizado. ¿Tendria este fenómeno algún significado?
-Juan sentía que caía por la borda y en vano alargaba los brazos buscando un punto en el barco para agarrarse y detener su caída. Trató de gritar en desesperación pero apenas el sonido salía de su boca. ¡Juan despierta, que tienes una pesadilla! Que sueño más raro. Nunca antes, que se acuerde, había tenido un sueño así. Soño con su padre y lo vió tan vivo y tan natural que todavia estando despierto dudaba si había muerto. Y esa caida hacia el mar parecia no tener fin, como si el Universo quisiera alargar su agonía.
-Decidió levantarse. Estaba amaneciendo y aunque todavía se veian muchas estrellas, una luz crepuscular se apoderaba del este. Hacia ese mismo naciente un astro replandecia con un fulgor estable y brillante. Bien sabia Busó que este astro era un planeta, pero ¿cual de ellos? ¡Es Saturno!, oyó decir a un amigo suyo que se encontraba sentado sobre unos bultos hacia su lado derecho y del cual no se habia dado cuenta que se encontraba allí. Estuvieron hablando por espacio de una hora hasta que pudieron ver los primeros rayos del sol en el horizonte y un fuerte olor a jamón frito les llegó a la nariz. ¡Voy a bajar a ver si como algo!, le dijo Juan a su amigo, en catalán por supuesto y a lo cual su amigo rispotó, ¡voy contigo!
-Juan Busó Bas se dió cuenta que el calor del trópico no compara con el calor de verano de su pueblo natal. Los rayos del Sol son muy fuertes y si permanecía mucho tiempo afuera, además de quemarse la piel, al poco tiempo el dolor de cabeza no se haría esperar. Así que decidió permanecer en la sombra la mayor parte del tiempo. Solamente salía de la sombra cuando alguien lo llamaba para ver uno que otro delfín corriendo a la par de la nave a babor o estribor. En una ocasión, a cierta distancia del barco vió que el mar estaba hirviendo y al acercarse más la nave se dió cuenta que eran cientos, sino miles de peces que en su afán de huir de otros peces depredadores brincaban buscando escapar de sus fauces. Pero, por si fuera poco, una veintena de aves sobrebolaban el cardumen y aquí y allá capturaban uno que otro pez. El espectáculo era digno de observarse.
-Varios días después, y luego de costear varias islas de las Antillas, Juan pudo divisar lo que el capitán le afirmó eran las Cabezas de San Juan. Estas prominentes colinas son el punto de referencia a todo barco que navega por estas costas y le indican al capitán su llegada a Puerto Rico. Pero lo que más llamó la atención fue la Sierra de Luquillo la cual se erguía majestuosa, sus puntas cubiertas de nubes y que, ha pesar de la distancia, el color dejaba entrever una vegetación exuberante y extenza. Mi imaginación creció como El Yunque, uno de los picos de la Sierra y me acordé de un suceso. Desde el barco en cubierta, Juan vió como un figura, encima de una de las Cabezas de San Juan, saludaba el barco con su mano derecha. Pero al volver a fijar su vista la figura ya no estaba allí. Pensó que el Sol fuerte del trópico le habia jugado una broma. Ciento setenta y un años luego, yo, su tataranieto, en una excurción a este mismo lugar, me detuve a escudriñar el mar y por alguna razón extraña pude observar esta nave con sus velas hinchadas por el viento. Pensé: En esa nave se encuentra mi tatarabuelo y alcé la mano para saludarlo. La imagen se borró rapidamente cuando alguien, que ahora no recuerdo, me preguntó, ¿a quién tu estas saludando?
Juan Busó y Bas, has llegado a la tierra prometida, "Puerto Rico". He aquí la tierra donde la señora Fortuna tocará a tus puertas. "Quina sort" (¡Qué suerte!, en catalán)
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*En mi humilde opinión, el grabado del puerto de Barcelona debe ser mirando hacia Montjuig desde un punto de lo que hoy conocemos por Barceloneta. Si alguna persona me puede aclarar esto, bienvenido sus comentarios.
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