
Historia del retrato de Carmelita Porrata Doria
En el año de 1964 cuando visitaba la casa de mis padres me sentí atraída por un retrato de una joven con una rosa en el cabello. Le pregunté a mi padre quién era ella y me contestó que era su abuela Carmelita Porrata. Según me indicó mi padre cuando él era pequeño ella le había brindado mucho cariño y atenciones.
Luego, siempre que iba a visitar a mis padres no perdía la oportunidad de mirar y admirar el retrato. Este me producía una extraña atracción y mientras más lo observaba sentía como si me viera a mi misma en el retrato.
Fue pasando el tiempo y en cada visita no dejaba de mirar al cuadro. Por extraño que parezca era como si ella esperara por mi visita. Pasaron los años y al morir mis padres en 1985 el retrato desapareció de la pared de su cuarto. Luego me enteré que lo había obsequiado a otra persona y me sentí muy apenada pues desconocía quién era su nuevo dueño.
Años más tarde uní esfuerzos con mi hermano Francisco y comenzamos la investigación genealógica de nuestra familia. Gradualmente fueron apareciendo datos tanto de la familia Busó así como de los Porrata. En esta búsqueda la suerte fue nuestra aliada, pues conocimos a nuestra prima Mabel Porrata y a su esposo Raúl Zurinaga. Ellos con mucho entusiasmo compartieron su información de los Porrata pues tenían todos los ascendientes y descendientes de la familia. También nos contaron que existían dos oleos de los padres de Carmelita los cuales hace muchos años pertenecieron a Frank Busó, primo de mi padre. Ya mi hermano Francisco los había visto anteriormente en casa de Frank. Lo que pasó fue que al morir el primo Frank su viuda regaló estos cuadros a otros familiares y es aquí que los Zurinaga se enteraron de esté incidente.
Cuando Raúl me comentó del paradero de estos oleos yo le sugerí que pidiera permiso a los actuales dueños para poder retratarlos. Tuvimos la suerte de que Raúl pudo conseguir un buen fotógrafo el cual hizo un excelente trabajo logrando reproducir fielmente la pintura. De esta forma tanto Raúl como nosotros tenemos la copia de los cuadros de ambos padres. Este incidente trajo a mi mente la figura de Carmelita y me hice el propósito de encontrarla.
Durante años seguí buscando sin tener ninguna pista y de pronto se hizo una luz pues mi tía Olga, la cual creíamos muerta, nos informaron que estaba viva y residía en Caguas. Pensé que ella era la persona que nos conduciría a encontrar el retrato. Sin más dilación mi hermano y yo fuimos a visitarla a su residencia en Caguas. Durante la visita aprovechamos para hablar de los familiares que no conocíamos y ella gustosamente nos dio información sobre ellos. No perdí la oportunidad para mencionar el cuadro de Carmelita y ella seguidamente me dijo que mi padre se lo había obsequiado. Pero cuando pedí que me lo dejara ver me indicó que lo había botado pues la polilla y la humedad lo habían dañado.
Otra vez me encontré como al principio, como había empezado pero de todas formas yo sospechaba que había un original del retrato y que de ese original era que mi padre tenia copia.
Pasaba el tiempo y no había indicación ni idea de donde encontrar este retrato. En mi desesperación por esta imagen llegué a pensar que si me hipnotizaban podría pintar o dibujar a Carmelita Porrata. Esto es así ya que al cerrar los ojos podía ver su rostro dibujado en mi memoria.
En una ocasión que me reuní con Raúl Zurinaga y le describí como lucia doña Carmelita en el retrato y al darse cuenta de mi vivo interés en conseguir dicho retrato se convierte en mí más fiel colaborador.
Infatigable en su búsqueda no hay sitio que Raúl no busque que pueda contener una nota, un documento o un retrato en su hogar o en algún baúl de cualquier familiar conocido. Y ¡al fin! La búsqueda termina. Buscando en el armario de Dolores (Lolita) Busó Porrata se encuentra un retrato enrollado y cuando lo abre se lleva la sorpresa más grande de su vida. ¡Eureka! En el mes de marzo de 2003, luego de casi veinte años de estar perdida su imagen, hace su aparición el retrato original de Carmelita Porrata. Fiel a su promesa y habiendo logrado Raúl que Carmen le regalara el retrato, este a su vez me hace entrega de el. La imagen de Carmelita es la misma que había guardado mi memoria aunque el retrato en si estaba algo deteriorado. Como recompensa a Raúl me comprometí a regalarle una copia del retrato una vez fuera restaurado.
Ahora, ya con el retrato en mi poder pensé como podría restaurarlo. Algunas personas me recomendaron que la fotocopiara para que luego un técnico de computadoras la trabajara y arreglara las partes dañadas. Por fortuna el área de los ojos, la nariz y la boca estaban intactas. Como curiosidad en la parte de atrás del retrato estaban escritas las instrucciones que había dado mi padre al fotógrafo para que hiciera el retrato que por tantos años había visto en la pared de su cuarto. También apareció la firma de mi padre.
Con el retrato en mis manos me dirigí a un centro fotográfico. Allí procedieron a sacar copia del mismo para luego guardar la imagen en un disco compacto. El técnico procedió a trabajar con la imagen en la pantalla de su computadora. Usando el cursor comenzó a usar las herramientas que tiene el programa y de esta forma pudo corregir en su totalidad todas aquellas partes dañadas con manchas o descoloridas. Hasta este punto su trabajo fue excelente pero cuando intentó sombrear la nariz alteró sus facciones. De más esta decir que no quedé satisfecha y comencé a buscar a otra persona más indicada para este trabajo. Una de las personas en que pensé fue mi profesor de pintura Rafael Rivera y hasta él fui con las copias del retrato. Luego de examinar el retrato estuvimos de acuerdo que el arreglo que se hizo no le devolvió la belleza y delicadeza del original. La recomendación que me hizo fue que yo misma era la indicada para llevar a cabo esta restauración. Al oír esto me asusté un poco ya que a pesar de mis estudios en pintura nunca había trabajado en fotos. Pero me sentí conmovida al saber que con mis conocimientos en pintura-retrato traería la imagen de Carmelita a su estado real y natural. Es en este momento glorioso que pienso que mi bisabuela se había cruzado en mi camino para que la rescatara del olvido y la presentara a la familia que no la conocía.
Comencé con la tarea llena de mucho temor pues este trabajo era delicado y de mucho cuidado. Según iba avanzando en el proceso me llenaba de mucho gozo pues estaba logrando el parecido que en mi mente tenia el retrato de mi padre. Al terminar supe que no podía ser otra persona la que restaurara el retrato. Ella, Carmelita Porrata quería volver a nacer bajo el impulso de mis manos. Por eso ahora afirmo que ya no desaparecerá de la memoria en la familia Busó – Porrata.
América Busó Muñiz
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Proceso de Restauración
El proceso por el cual se restauró el retrato, siguiendo las instrucciones del profesor, fue el siguiente: Conseguí laca en aerosol “Retouch-Vellum” y lápices a colores “Prisma Color”. Los colores a usar eran ocres, sepia, negros, blancos, rojos, verdes y azules. La superficie de la foto se impregna del líquido en aerosol. Esto hace que los colores se adhieran al papel fotográfico. Comencé aplicando los colores donde estaba más oscuro y gradualmente iba aclarando. Resalté sus ojos, nariz y labios. Laboré su flor y en su cabello di luces y sombras. Su vestimenta era plana y le di volumen. Al finalizar mi trabajo fijé los colores con el mismo aerosol transparente que usé inicialmente sobre la foto.
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